Ginecología Oncológica

La ginecología oncológica se ocupa del diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los cánceres ginecológicos y de las lesiones precursoras que pueden precederlos.

Recibir un diagnóstico o una sospecha de cáncer ginecológico suele generar muchas preguntas. Qué significa exactamente el resultado, si la enfermedad está localizada o extendida, si será necesaria una cirugía, qué estudios faltan y cuál es el tratamiento más adecuado son algunas de las dudas más frecuentes.

La evaluación especializada busca responder esas preguntas integrando los antecedentes de la paciente, el examen clínico, los estudios por imágenes, la anatomía patológica y, cuando corresponde, marcadores tumorales y estudios moleculares. Con esa información se determina el tipo de enfermedad, su extensión y la estrategia terapéutica más apropiada.

El tratamiento puede incluir cirugía, radioterapia, quimioterapia, hormonoterapia, terapias dirigidas o una combinación de estas opciones. No todas las pacientes necesitan lo mismo y, en determinadas situaciones, la planificación inicial puede ser tan importante como el tratamiento en sí.

Precisión diagnóstica
Tratamiento personalizado
Enfoque multidisciplinario
Acompañamiento integral
Patologías que trato

El cáncer de cuello uterino se relaciona en la mayoría de los casos con la infección persistente por determinados tipos de HPV. Antes de que aparezca un cáncer invasor pueden desarrollarse lesiones precursoras, que muchas veces son detectadas mediante PAP, test de HPV, colposcopía o biopsia.

Cuando existe una lesión de alto grado o un cáncer confirmado, la conducta depende de la profundidad y extensión de la enfermedad, la edad de la paciente y, en algunos casos, su deseo de preservar la fertilidad.

En etapas iniciales pueden indicarse procedimientos locales o cirugía. En enfermedades más avanzadas, la radioterapia asociada a quimioterapia puede constituir el tratamiento principal.

Entre los síntomas que requieren evaluación se encuentran el sangrado después de las relaciones sexuales, el sangrado fuera del período menstrual, el flujo persistente anormal o el sangrado después de la menopausia.

El cáncer de endometrio se origina en el revestimiento interno del útero y suele diagnosticarse en etapas relativamente tempranas porque frecuentemente produce sangrado uterino anormal.

El sangrado después de la menopausia siempre debe estudiarse. En mujeres que aún menstruan, también puede manifestarse con sangrados persistentes o irregulares.

El diagnóstico suele realizarse mediante una muestra del endometrio, obtenida por biopsia o histeroscopía. Una vez confirmado, los estudios complementarios permiten evaluar la extensión de la enfermedad.

En gran parte de los casos, la cirugía es el tratamiento inicial y permite tanto tratar como estadificar la enfermedad. Actualmente, además de la histología tradicional, la clasificación molecular puede aportar información pronóstica y ayudar a decidir si son necesarios tratamientos complementarios.

El hallazgo de un quiste o una masa ovárica es muy frecuente y no significa necesariamente cáncer. La mayoría de las masas anexiales son benignas.

La evaluación se realiza considerando la edad, los síntomas, las características ecográficas, los antecedentes personales y familiares y, en determinadas situaciones, marcadores tumorales o estudios como tomografía o resonancia.

Cuando una masa presenta características sospechosas, la planificación quirúrgica adquiere especial importancia. En cáncer de ovario, una cirugía oncológica adecuada puede incluir la estadificación de la enfermedad y, cuando existe enfermedad extendida, una cirugía de citorreducción destinada a remover la mayor cantidad posible de enfermedad visible.

Algunos síntomas pueden ser inespecíficos: distensión abdominal persistente, sensación de saciedad precoz, dolor pélvico o abdominal, cambios en el hábito intestinal o aumento progresivo del perímetro abdominal.

El cáncer de vulva es menos frecuente, pero muchas veces puede comenzar como una lesión localizada que persiste durante meses.

Puede presentarse como una zona endurecida, una úlcera, una lesión pigmentada, prurito persistente, dolor, ardor o sangrado.

El diagnóstico se realiza mediante biopsia. El tratamiento depende de la extensión y localización de la lesión y del compromiso ganglionar.

Siempre que sea oncológicamente seguro, se intenta evitar cirugías innecesariamente extensas y preservar al máximo la anatomía y la función.

Es una enfermedad poco frecuente y puede presentarse con sangrado, flujo anormal, dolor o una lesión detectada durante el examen ginecológico.

Su tratamiento depende fundamentalmente del tamaño, la localización y la extensión de la enfermedad y puede incluir radioterapia, cirugía o una combinación de tratamientos.

Las lesiones premalignas no son cáncer, pero determinadas lesiones pueden progresar si no se diagnostican y controlan adecuadamente.

En cuello uterino, muchas de estas lesiones están relacionadas con HPV y pueden detectarse mediante PAP, test de HPV, colposcopía y biopsia.

En vulva y vagina también pueden existir lesiones precursoras que requieren evaluación y seguimiento.

La conducta no es igual para todas las pacientes. Algunas lesiones requieren tratamiento y otras pueden manejarse mediante seguimiento estrecho.

Los tumores borderline presentan características biológicas diferentes a las del cáncer de ovario invasor.

Suelen diagnosticarse en mujeres más jóvenes y, en casos seleccionados, puede considerarse una cirugía conservadora que permita preservar el útero y parte del tejido ovárico.

La decisión depende del tipo de tumor, su extensión y los deseos reproductivos de la paciente.

Los sarcomas son tumores poco frecuentes que se originan en los tejidos musculares o de sostén del útero.

Su comportamiento y tratamiento son diferentes a los del cáncer de endometrio. Por eso es importante distinguirlos correctamente y planificar la cirugía de acuerdo con la sospecha diagnóstica y los hallazgos de los estudios.

La enfermedad trofoblástica gestacional comprende un grupo poco frecuente de alteraciones relacionadas con el tejido placentario.

Incluye desde formas benignas, como la mola hidatidiforme, hasta variantes que requieren tratamiento oncológico.

El seguimiento mediante mediciones seriadas de beta-hCG es fundamental, ya que permite evaluar la evolución y detectar de manera temprana la persistencia de enfermedad.

Información para acompañarte

No existe un estudio único que permita diagnosticar todas estas enfermedades.

Según la situación pueden indicarse ecografía transvaginal, tomografía, resonancia magnética, biopsias, histeroscopía, colposcopía, estudios de laboratorio o marcadores tumorales.

La anatomía patológica tiene un papel central: confirma el diagnóstico y aporta información sobre el tipo de tumor y sus características.

En determinadas enfermedades, los estudios moleculares también pueden modificar el pronóstico y ayudar a seleccionar tratamientos más específicos.

La decisión terapéutica no depende solamente del nombre del tumor.

Se tienen en cuenta el tipo histológico, el estadio, la localización, determinadas características moleculares, la edad, el estado general de la paciente, sus antecedentes y, cuando corresponde, su deseo de preservar la fertilidad.

En algunos casos, la mejor estrategia puede ser quirúrgica. En otros, puede ser preferible comenzar con quimioterapia, radioterapia u otro tratamiento.

Por eso, dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden recibir tratamientos diferentes.

La cirugía ocupa un lugar central en muchas enfermedades ginecológicas oncológicas.

Puede tener como objetivo obtener un diagnóstico definitivo, estadificar la enfermedad, remover el tumor o disminuir al máximo la enfermedad visible.

Dependiendo de cada caso, puede realizarse mediante laparoscopía, cirugía abdominal, cirugía vaginal o técnicas combinadas.

La elección de la vía quirúrgica debe basarse en criterios oncológicos y no solamente en realizar una cirugía “más pequeña”. El objetivo es conseguir un tratamiento seguro y adecuado evitando procedimientos innecesariamente agresivos.

En algunas pacientes jóvenes con enfermedades diagnosticadas en etapas muy iniciales es posible considerar estrategias destinadas a preservar la fertilidad.

Esto puede ser posible en situaciones seleccionadas de cáncer de cuello uterino, determinados cánceres de endometrio y algunos tumores de ovario.

La indicación debe realizarse cuidadosamente, evaluando siempre primero la seguridad oncológica.

Finalizar el tratamiento no significa terminar el seguimiento.

Los controles posteriores permiten evaluar la evolución, detectar signos de recurrencia cuando aparecen, manejar secuelas y acompañar a la paciente en aspectos relacionados con sexualidad, síntomas menopáusicos, calidad de vida y recuperación después de la cirugía o de otros tratamientos.

La frecuencia y el tipo de controles dependen de la enfermedad y del tratamiento realizado.

Solicitar una segunda opinión puede ser particularmente útil cuando existe un diagnóstico reciente, se propone una cirugía importante, hay diferentes alternativas terapéuticas o la paciente necesita comprender mejor las opciones disponibles.

El objetivo no es necesariamente cambiar una conducta, sino confirmar que el diagnóstico, los estudios realizados y la estrategia propuesta sean adecuados antes de avanzar.

Si tenés dudas o necesitás una segunda opinión, estoy para acompañarte.